Los orígenes profesionales de Phelipe Eizaguirre se encuentran en el diseño gráfico y la publicidad, ámbitos en los que desarrolló su actividad como diseñador en varios estudios y agencias. Pasados unos años decidió iniciar su trayectoria como freelance, y también entonces empezó a practicar la fotografía, primero como recurso para sus proyectos y finalmente con dedicación plena.
Como fotógrafo mantiene dos líneas muy diferenciadas: por un lado la dedicada al interiorismo y la arquitectura, donde busca capturar los espacios de forma natural, sin forzar la escena, permitiendo que la luz del día y las sombras dialoguen en equilibrio; por el otro se encuentra la fotografía de aventura, más cruda e imprevisible, pero que le resulta igual de emocionante.
Phelipe considera que lo más importante de un proyecto es comprender que cada sesión implica una gran inversión, largas horas de preparación y la toma de muchas decisiones, por lo que el resultado debe estar a la altura de todos estos esfuerzos. Por todo esto para él la fotografía es, al final, como la guinda de un pastel.